martes

r.i.p. ping-ping

el hombre más pequeñín du mondo
a dejado de existir a la edad de 21 años.
medía 73 cm.

viernes

y acá estoy, en mi presidiario cuartucho previo a la pintura, enduído en gran parte de su superficie y atestado del bartulerío mudado.

hoy empecé los trámites de las visas americana y canadiense. cuanta papeleta se necesita, y cuanta formalidad al pedo. pagué el pin con tarjeta de crédito, hablé los doce minutos estipulados, con ángel, que en teoría era un ser humano pero tenía el dialecto de una fucking machine. después hablé con vanessa que era más normalita.
también fui al banco galicia, que es donde se paga el visado canadiense, y adelante mío estaba macaya marquez. lo más gracioso es que me preguntara porque tenía un formulario rosa, es que voy a canadá le dije. a mirá, y después pagó nosequé.

después leí y terminé el libro de jünger, y salí a comprarme otro de shepard que pienso leer esta noche.
que fantástica es mi terraza. con pepe tomamos vino y escuchamos nina simone, siempre al cántico de que tendría que estar estudiando para rendir estructuras el martes.
en fin.

viva la patria.

jueves

coachella

miércoles

(Convulsión)*

Si pudiera verme ahora, seguro que se enamoraría de mí, me apuesto lo que sea. Me apuesto lo que sea a que sí. ¿Cómo podría no hacerlo? Miradme. Miradme ahora. Como estoy. Si pudiera verme así: esperándola, horas antes, mucho antes de que llegue, buscando cualquier señal o sonido suyo. Vería lo entusiasta que soy. Vería la desesperación en mi pecho. Si pudiera verme ahora, desde la distancia, sin que yo supiera que me está mirando, me vería tal y como soy. ¿Cómo podría no sentir algo por mí, entonces? Algo, o quizás no. Quizás eso es..., o sea, a lo mejor las actitudes como ésta provocan repulsión. No sé exactamente cómo funciona pero..., a lo mejor nace un sentimiento de revulsión cuando alguien es demasiado entusiasta..., demasiado disponible, demasiado dependiente. No lo sé. Alguna convulsión. No. No, eso no. No es eso. Ni siquiera es una palabra, ¿no? Convulsionar. Si pudiera recordar aquella vez, ¿cuándo fue...? Aquella vez en Knoxville cuando estabamos besándonos en el tren, aquel beso largo, largo que nos dimos, despidiéndonos, y de repente el tren empezó a moverse, pero yo no tenía que acompañarla, o sea, esa era la razón por la que nos estabamos despidiendo, porque pensábamos que no nos veríamos durante mucho tiempo y estábamos concentrados en ese largo..., solo besándonos y besándonos y de repente el tren se estaba moviendo y no había manera de bajarme. Arboles y casas desaparecían a toda velocidad. Al final me dejaron en la estación siguiente, que estaba a muchas millas de distancia, y allí estaba yo, esperando durante horas el próximo tren de vuelta, o sea, si me hubiera visto entonces, de pie allí, esperando, seguro, seguro que me querría. O sea, cómo podría no tener algún..., no sé. Ya no sé que es lo que hace que las cosas pasen, esa conexión. Si es que alguna vez la hubo.

*de El gran sueño del paraíso, Sam Shepard.